Un ojito dos ojitos



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Description: 07-02-2016 Cuento: Un Ojito, Dos Ojitos y Tres Ojitos - Hermanos Grimm. Г‰rase una mujer que tenГ­a tres hijas. La mayor se llamaba Un Ojito, porque tenГ­a un solo ojo en medio de la frente, la segunda, Dos Ojitos, porque tenГ­a dos, como todo el mundo, y la tercera, Tres Ojitos, pues tenГ­a tres, uno de ellos en medio de la frente. Y como la segunda no se diferenciaba en nada de las demГЎs personas, sus dos hermanas y su madre no podГ­an sufrirla. Lea la historia: Un Ojito, Dos Ojitos y Tres Ojitos. 18091

Г‰rase una mujer que tenГ­a tres hijas. La mayor se llamaba Un Ojito, porque tenГ­a un solo ojo en medio de la frente; la segunda, Dos Ojitos, porque tenГ­a dos, como todo el mundo; y la tercera, Tres Ojitos, pues tenГ­a tres, uno de ellos en medio de la frente. Y como la segunda no se diferenciaba en nada de las demГЎs personas, sus dos hermanas y su madre no podГ­an sufrirla. DecГ­anle:

Y, asГ­, la rechazaban, obligГЎndola a usar vestidos harapientos, y para comer no le daban mГЎs que las sobras; y, encima, la mortificaban cuanto podГ­an.

Un dГ­a en que Dos Ojitos habГ­a salido al campo a apacentar la cabra, estaba sentada en el borde del camino, llorando desconsoladamente, de tal forma que no parecГ­a sino que de sus ojos manaran dos arroyos, pues sus hermanas no le habГ­an dado de comer y se sentГ­a muy hambrienta. Al levantar un momento la mirada, vio a su lado a una mujer, que le preguntГі:

- ВїCГіmo no he de llorar? Porque tengo dos ojos como todas las demГЎs personas, mi madre y mis hermanas me aborrecen, me empujan de un rincГіn a otro, me echan prendas viejas y sГіlo me dan para comer lo que ellas dejan. Hoy me han dado tan poco, que el hambre me atormenta.

- Seca tus lГЎgrimas, Dos Ojitos, voy a enseГ±arte unas palabras con las que ya no padecerГЎs mГЎs hambre. SГіlo tienes que decir lo siguiente, dirigiГ©ndote a tu cabra:

Y enseguida tendrГЎs ante ti una mesa, primorosamente dispuesta con los mГЎs sabrosos manjares, y podrГЎs comer hasta saciarte. Y cuando ya estГ©s satisfecha y ya no necesites de la mesa, dirГЎs:

Y dicho esto, el hada se marchГі. Dos Ojitos pensГі: "Es cosa de probar enseguida si es cierto esto que me ha dicho, pues realmente me atormenta el hambre"; y exclamГі:

Apenas hubo pronunciado estas palabras vio ante sГ­ una mesita cubierta con un mantel blanquГ­simo, y encima, un plato con su cuchillo, tenedor y cuchara, todo de plata. HabГ­a tambiГ©n viandas magnГ­ficas, todavГ­a humeantes, como si acabasen de salir de la cocina. Dos Ojitos rezГі la oraciГіn mГЎs breve, de cuantas sabГ­a: "ВЎDios mГ­o, sГ© nuestro huГ©sped por los siglos de los siglos, amГ©n!." Se sirviГі y comiГі con verdadera fruiciГіn. Cuando ya estuvo satisfecha, dijo, como le enseГ±ara el hada:

Y en un santiamГ©n desapareciГі la mesa con todo lo que habГ­a. "ВЎHe aquГ­ una manera cГіmoda de cocinar!"; pensГі Dos Ojitos, ya de muy buen humor.

Al regresar a su casa al anochecer con la cabra, encontrГі una escudilla de barro con algo de comida que le habГ­an dejado las hermanas, pero no la tocГі. Al dГ­a siguiente marchГіse de nuevo con la cabrita, sin hacer caso de los mendrugos que le habГ­an puesto para el desayuno. Al principio, las hermanas no prestaron atenciГіn al hecho, pero, al repetirse, dijeron.

- Algo ocurre con Dos Ojitos. Siempre se deja la comida, cuando antes se zampaba todo lo que le dejГЎbamos. De seguro que ha encontrado algГєn otro recurso.

Para averiguar lo que sucedГ­a, convinieron en que Un Ojito la acompaГ±arГ­a a apacentar la cabra para espiar sus acciones y ver si alguien le traГ­a comida y bebida.

Pero Dos Ojitos comprendiГі perfectamente el pensamiento de la otra y, conduciendo la cabra a un prado donde crecГ­a alta hierba, dijo:

Un Ojito estaba cansada de la caminata y del ardor del sol; sentГіse, y su hermana se puso a cantarle:

Repitiendo siempre las mismas palabras, hasta que la otra, cerrando su Гєnico ojo, se quedГі dormida. Al ver Dos Ojitos que su hermana dormГ­a profundamente y no podrГ­a descubrirla, dijo:

- Un Ojito, vienes para guardar la cabra y te duermes. El animalito podrГ­a haber dado la vuelta al mundo. Anda, volvamos a casa.

Y se marcharon, y Dos Ojitos dejГі nuevamente intacta su cena. Pero Un Ojito no pudo decir a su madre el motivo de que su hermana se negase a comer. DisculpГіse alegando que se habГ­a quedado dormida en el prado. Al dГ­a siguiente dijo la madre a Tres Ojitos:

- Esta vez irГЎs tГє; fГ­jate bien si Dos Ojitos come allГ­, y si alguien le trae comida y bebida, pues es forzoso que coma y beba secretamente.

Pero Dos Ojitos se dio clara cuenta del propГіsito de su hermana menor. Condujo la cabra al prado y dijo:

SentГіse Tres Ojitos, cansada como se sentГ­a del camino y de los ardores del sol, y Dos Ojitos volviГі a entonar su cantinela:

Ya Tres Ojitos se le cerraron dos ojos, y se le quedaron dormidos; pero el tercero, a causa de la equivocaciГіn en el estribillo, permaneciГі despierto. Cierto que lo cerrГі la muchacha, mas por ardid, simulando que dormГ­a con Г©l tambiГ©n, y asГ­, abriГ©ndolo disimuladamente, pudo verlo todo. Cuando Dos Ojitos creyГі que la otra dormГ­a profundamente, pronunciГі su fГіrmula mГЎgica:

enseguida tiene ante sГ­ una mesa con las viandas mГЎs sabrosas, mucho mejores de las que comemos nosotras; y cuando ya estГЎ harta, dice:

y todo desaparece de nuevo. Lo he visto todo perfectamente. Con su canciГіn hizo que se me durmiesen los dos ojos; mГЎs, por fortuna, se me quedГі despierto el de la frente.

Dos Ojitos saliГі de su casa triste y desolada y, sentГЎndose en la linde del campo, pГєsose a llorar amargas lГЎgrimas. PresentГіsele por segunda vez el hada, y le dijo:

- ВЎCГіmo no he de llorar! - respondiГі la muchacha -. Mi madre matГі la cabra que todos los dГ­as, cuando le recitaba el verso que me enseГ±asteis, me ponГ­a tan bien la mesa, y ahora tengo que padecer nuevamente hambre y privaciones.

- Dos Ojitos, te darГ© un buen consejo: Pide a tus hermanas que te den la tripa de la cabra muerta, y entiГ©rrala delante la puerta de tu casa. Te traerГЎ suerte.

Y Dos Ojitos cogiГі la tripa, y aquella noche fue a enterrarla, con el mayor sigilo, delante de la puerta, segГєn le recomendara el hada.

A la maГ±ana siguiente, al despertarse todas y salir a la calle, quedaron maravilladas al ver un magnГ­fico ГЎrbol, que se alzaba ante la casa. Era un ГЎrbol prodigioso, con hojas de plata y frutos de oro. En el mundo entero no se habrГ­a encontrado nada tan bello y precioso. Nadie sabГ­a cГіmo habГ­a salido allГ­ aquel ГЎrbol, de la noche a la maГ±ana. SГіlo Dos Ojitos sabГ­a que brotГі de la tripa de la cabra, pues se levantaba precisamente en el lugar donde ella la habГ­a enterrado. Dijo la madre a Un Ojito:

TrepГі la muchacha a la copa; pero en cuanto trataba de alcanzar una de las doradas manzanas, la rama se le escapaba de las manos, repitiГ©ndose la cosa todas las veces que intentГі hacerse con un fruto. Dijo entonces la madre:

BajГі Un Ojito y encaramГіse Tres Ojitos; pero no fue mГЎs afortunada; por mucho que mirara a su alrededor, las manzanas de oro continuaron inasequibles. Finalmente, la madre, impacientГЎndose, se subiГі ella misma al ГЎrbol. Pero no le fue mejor que a sus hijas. Cada vez que creГ­a agarrar uno de los frutos, se encontraba con la mano llena de aire.

- ВЎQuГ© quieres hacer tГє con tus dos ojos! - ella trepГі a la copa, y las manzanas de orГі ya no huyeron, sino que espontГЎneamente se dejaban caer en su mano. La muchacha pudo cogerlas una a una, y, despuГ©s de llenarse el delantal, bajГі del ГЎrbol. La madre se las quitГі todas, y Un Ojito y Tres Ojitos, en vez de dar mejor trato a su hermana, envidiosas al ver que sГіlo ella podГ­a conseguir los frutos, se ensaГ±aron con ella mГЎs aГєn que antes.

- ВЎAprisa, Dos Ojitos! - exclamaron las hermanas -, mГ©tete ahГ­ debajo, y asГ­ no tendremos que avergonzarnos de ti - y, precipitadamente, le echaron encima un barril vacГ­o que tenГ­an a mano, metiendo tambiГ©n las manzanas que Dos Ojitos acababa de coger. Al llegar el caballero resultГі ser un gallardo gentilhombre que, deteniГ©ndose a admirar el magnГ­fico ГЎrbol de oro y plata, dijo a las dos hermanas:

Tres Ojitos y Un Ojito contestaron que el ГЎrbol les pertenecГ­a, y que romperГ­an una rama para dГЎrsela. Una y otra se esforzaron cuanto pudieron; pero todos sus intentos resultaron vanos, pues ramas y frutos las rehuГ­an continuamente. Dijo entonces el caballero:

Pero ellas persistieron en afirmar que el ГЎrbol era suyo. Mientras porfiaban, Dos Ojitos, desde el interior del barril, hizo rodar por debajo dos o tres manzanas de oro, que fueran a parar a los pies del caballero, pues la muchacha estaba enojada de que las otras no dijesen la verdad. Al ver el forastero las manzanas, preguntГі, asombrado, de dГіnde venГ­an, y Tres Ojitos y Un Ojito le respondieron que tenГ­an una hermana, pero que no la enseГ±aban porque sГіlo tenГ­a dos ojos, como las personas vulgares.

La doncella, cobrando confianza, saliГі de debajo del barril, y el caballero, admirado de su gran hermosura, le dijo:

- SГ­ - replicГі Dos Ojitos -, sin duda podrГ©, pues el ГЎrbol es mГ­o - y, subiГ©ndose a la copa, con gran facilidad quebrГі una rama, con sus hojas de plata y sus frutos de oro, y la entregГі al forastero.

- ВЎAy! - respondiГі la muchacha -, aquГ­ sufro hambre y sed, pesares y privaciones desde la maГ±ana a la noche. Si quisieseis llevarme con vos y liberarme, serГ­a feliz.

SubiГі el caballero a Dos Ojitos a la grupa de su caballo y la condujo al castillo de su padre, donde le proporcionГі hermosos vestidos y comida en abundancia; y como la doncella era, en verdad, encantadora, enamorГіse de ella y, a poco, se celebrГі la boda entre el mayor regocijo.

Al ver que el caballero se llevaba a Dos Ojitos, las dos hermanas sintieron gran envidia por su suerte, pero se consolaron pensando: "De todos modos, nos queda el ГЎrbol maravilloso, y aunque no podamos coger sus frutos, todos los que pasen por aquГ­ se pararГЎn a contemplarlo y llamarГЎn a nuestra casa para expresarnos su admiraciГіn. ВЎQuiГ©n sabe donde estГЎ nuestra fortuna!." Pero, a la maГ±ana siguiente, el ГЎrbol habГ­a desaparecido y, con Г©l, sus esperanzas. Y cuando Dos Ojitos se asomГі a la ventana de su nuevo aposento, con gran alegrГ­a vio que el ГЎrbol se levantaba delante de ella, pues la habГ­a seguido. La muchacha viviГі feliz por mucho tiempo. Un dГ­a se presentaron en el castillo dos pobres mujeres que pedГ­an limosna, y Dos Ojitos, al verlas, reconociГі a sus hermanas, las cuales habГ­an llegado a tal extremo de miseria, que debГ­an ir mendigando su pan de puerta en puerta. Dos Ojitos las acogiГі cariГ±osamente, las tratГі con gran bondad y las colmГі de favores, por lo que las otras se arrepintieron de todo corazГіn de su mal proceder con su hermana.




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